Musín es un elemental, un duendecillo con un apariencia de un chico humano de aproximadamente 15 años. Tiene una piel azulada muy clara, con una especie de tatuajes rúnicos por ambos brazos de un color azul más oscuro, los cuales se unen en el pecho dibujando un trisquel; un pelo largo, negro azabache y rizado con graciosos tirabuzones; unos ojos verdemar enormes y una preciosa sonrisa. Siempre va vestido con unos pantalones gris perla en los cuales lleva enganchada una pequeña bolsa.

Como todos los elementales, vive en una arboleda. Musín, a pesar de no tener mucha edad aún, es muy querido por los demás miembros de la arboleda ya que practicamente desde su nacimiento, siempre demostró un profundo interés por aprender y es de los más curiosos de lugar, cosa que a los más ancianos les enorgullece pero al mismo tiempo les preocupa, ya que, aunque sea muy cauto, esa curiosidad quizá le pueda meter en algún problema.
Musín salía todas las tardes a pasear. Su lugar favorito era un bellísimo lago no muy lejos de la arboleda. Las aguas eran cristalinas, en el vivían ranas, peces de los colores más vivos, aves acuáticas espectaculares y flora de todo tipo. Se decía que ese lago es el más puro del lugar y en él abrevan todos los pequeños animales que viven en sus cercanías. Pasaba animadas tardes charlando con los peces, haciendo bromas con las aves y los árboles de su orilla y jugando con los animalillos.
Una soleada tarde, Musín estaba jugando al escondite con dos ardillas amigas. Estaba escondido tras una gran roca cuando notó una presencia que no era propia en el lago. Era una humana. La chica pasó entre los árboles con cuidado de no pisar las flores y se sentó encima de la roca tras la cuál Musín estaba escondido. Musín se asomó un poquito y vió que la chica era realmente bella: tenía el pelo liso y larguísimo, de un color rojizo, una tez pálida sin ninguna mancha, unos labios carmesí brillante e iba con un vestido más blanco que la nieve. Musín se fijó que la chica tenía unos ojos de un azul muy profundo, como el de sus tatuajes. También notó que una profunda tristeza invadia a la muchacha, ya que esos ojos azules y penetrantes estaban encharcados de lágrimas.
A Musín le daba miedo acercarse, ya que era la primera vez que estaba tan cerca de un humano, pero no podía dejar con esa tristeza a esa bella mujer. Tras pensarlo detenidamente, se armó de valor y de un salto se puso ante la muchacha, la cuál no dejaba de llorar. Cuando lo vió, la chica abrió mucho los ojos de la sorpresa. Musín, ya que había tenido el valor de ponerse ante ella, saltó sobre sus rodillas. La moza extendió la mano, Musín saltó a su palma "¿Quién eres tú?" preguntó la chica. Musín no dijo nada, sonrió, pegó un brinco y secó las lágrimas de los ojos de la muchacha. "Yo me llamo Luniel, eres un duendecillo muy simpático." Dijo ella. Acto seguido, Musín empezó a enredar en la bolsita que siempre lleva consigo. De ella sacó un polvo dorado, el cual sopló ante la cara de Luniel. Ésta notó como la tristeza que la invadía se desvaneció por completo. Musín saltó de la palma de la mano de Luniel y se fué corriendo hacia la arboleda. "¡Gracias pequeño duende!" gritó Luniel mientras Musín se alejaba a gran velocidad.
Luniel, esa muchacha triste que fué a desahogar sus penas a un lago, jamás volvió a sentir tristeza gracias a Musín. Desde ese día, a Musín se le conoce en la arboleda como el duende de la paz y la alegría.
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