Seguí sonando lo mismo durante una semana entera. La situación era cada vez más extraña. El sueño siempre era el mismo: Ese chico, sonriéndome y haciéndome señas para que fuese hacia él. Yo sonreía y me dirigía hacia el árbol bajo el cual ese chico misterioso estaba. Y justo cuando me tendía la mano y estaba a punto de tomársela, despertaba.
Una tarde, ya muy mosqueada, se lo conté a mi mejor amiga mientras tomábamos un café. Le día la descripción física completa del misterioso chico, incluso como iba vestido: chaleco vaquero, pantalón negro y una camiseta de Slayer. Ella me miró medio sorprendida, medio asustada "Me acabas de describir a uno de mis mejores amigos". Me quedé pálida y le pedí que me describiera su personalidad. Me dijo lo mismo que yo ya pensaba tras recordar su mirada y su sonrisa: Un chico sincero, simpático, dado a los demás, cariñoso, algo crítico con la sociedad pero era sociable de todas formas y muy adorable en general. Me quedé pensativa y, tras meditarlo un poco, le dije a mi amiga que quería conocerlo, conocer al chico anónimo que poblaba mis sueños desde hacía más de una semana. Ella, después de pensarlo un poco, me dijo que sin problemas, que me llamaría.
Pasaron un par de días y estaba un poco impaciente, ya que mi amiga no me llamaba. Justo cuando estaba pensando en ello, sonó mi teléfono: "En el bar de siempre a las 22h. Tranquila, no le dije nada de tu sueño". Acto seguido fui a vestirme, como iba siempre, camiseta negra, vaqueros y botas militares, y me dispuse a ir hacia el bar.
Llegué justo a las 22h y allí estaba mi amiga con el chico, el cual estaba de espaldas. Ella le hizo una seña y él se dio la vuelta: era tal y como aparecía en el sueño, solo que su mirada era más verdosa y profunda de lo que imaginaba. Sonrió, nos presentamos y me dio un abrazo. Estuvimos hablando, riendo, escuchando música y cantando durante horas. Con cada gesto o cosa que decía, me parecía más y más interesante, pero ¿Cómo un chico como él iba a fijarse en alguien como yo? No le dí más vueltas, esperanzas las mínimas. Pero a mitad de la noche, cuando le acaricié la larga melena, se acercó a mi y me besó. Fue extraño y placentero al mismo tiempo. Estuvo toda la noche a mi lado, e incluso me acompañó a casa, siendo él de otra ciudad cercana. Fue una noche extraña pero especial. Desde ese encuentro supe que, de una forma u otra, ese chico de larga melena, mirada profunda y sonrisa dulce se iba a convertir en una parte muy importante de mi vida. Y así fue.

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