miércoles, 23 de octubre de 2013
Nocturnidad
Te invade, te seduce y muy pocas veces se escapa de ese oscuro cortejo. Vas paseando y ves edificios muertos, sin un atisbo de movimiento que sugiera algo de vida en su interior, calles semidesiertas en las que en la noche normalmente te fijas en cosas que durante el día habría pasado desapercibidas ante tus ojos. Sientes como el rocío va cayendo lentamente sobre tu rostro mientras deambulas sin un rumbo fijo. Caminas tranquilamente sin que nada ni nadie te moleste, con la fiel compañía de las brillantes estrellas de la ciudad llamadas farolas. Escuchas el silencio que invade el espacio en el que te encuentras, ocasionalmente interrumpido por algún coche o animalillo callejero. Te sientas, miras a tu alrededor y sientes como vas siendo envuelto en una extraña tranquilidad, la cuál a veces paradójicamente llega a ser inquietante. Te invade una sensación de poder, ya que en ese momento, en ese lugar semidesierto, tú eres el que manda. Libertad de correr, saltar, pasear por donde se te antoje, sentarte donde te apetezca, incluso tumbarte si así lo deseas y nada ni nadie juzgará, observará ni condicionará tus actos, ya que los que suelen hacer tales aberraciones están muertos, no aprecian el valor de la nocturnidad y en ese mismo momento tú eres el dueño de la noche.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario